El tiempo
El pasado conmina
a dejar atrás los datos
que empobrecen el caminar.
Identificar el germen de la parsimonia
y delimitar lo hallado es imperioso.
El temor a nacer muerto de nuevo
le conmina a quedarse
en el apartamento
donde vive en soledad.
Es su otro vientre
donde le acompañan
sus libros cibernéticos.
Sus escritos y los avatares
de los habitantes del globo terráqueo
le dan fuerzas para resistir el tiempo
que falta para desencarnar
y habitar un planeta más asequible
a sus tendencias literarias.
Agoniza desde el día
en que nace muerto y de pie.
Se apoya en el verso y sobrevive.
Pegado a la blanca pantalla
ocupa su destierro
en la exhumación del saber
almacenado
en su memoria.
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