Autora: Ilialice Morales
La mirada
Con la
cabeza en su mano izquierda
rememora
las vivencias
junto al
hombre.
El castigo
a su cuerpo
y el
menosprecio a sus sentimientos
menguaron
su amor propio.
Las derrotas
frente a
ese verdugo
agigantaron
el odio almacenado
desde la
temprana niñez.
Golpeada
por quien debía sustentar
sus
primeros años de vida
se revela
contra su destino.
La figura
paternal
compañera en las contiendas
con la
victima
sufre la
caída decisiva.
La mirada lejana
retrocede
en el tiempo
las
imágenes
junto a su
progenitor
justifican
la venganza y el parricidio.
El brazo
asesino
con la
docilidad del cordero
intenta
simular inocencia.
La sangre
en su mano suscita la duda
deja a la
vista de quien observa
el combate
interior previo
a la toma
de decisiones.
Durante el
sueño del hombre
asesta los
golpes
cumple la
orden dada.
El aire
habitado carece de regocijo
hay un
desvelo sin fin.
Unas voces
suplican el desquite.
La
presencia de los labios
Los labios
buscan en el vacío
un roce sin fronteras
el calor
del otro.
Su mudez
pone un cepo
a los pies
descalzos
atrapa el verbo en la garganta.
El grosor
de su carne
apunta a
la vía por andar.
A la
secuencia de la ya recorrida.
Tropezar
con ellos
es visitar
el paraíso
antes de
vivir en el infierno.
Los
orificios de la nariz
El oxigeno
fluye
según las
palpitaciones.
El veneno
se traslada al aire.
Sangre
limpia recorre el cuerpo.
El
arrebato decae
con el
sabor de la reparación.
Una
tormenta se avecina
acarrea
gemidos
traslada
al viento los pesares.
El gesto
de la cabeza
Valida el
orgullo
inclinada hacia el cielo.
El
desquite valora su honra.
Sabe de
las aflicciones venideras
y acosos
suscitando la traición.
Invisible
es su llanto.
En la
frente se abre el orificio
el verso
emerge con sabia innovadora.
El sabor
amargo huye.
Su pelo
negro
La noche
en su pelo
enuncia
los postulados de la ley
y el encierro de por vida.
Los
bombardeos de mil voces
y la cruz
milenaria
se juntan
a la soledad.
El desafío
al destino
recibe su
dote
y el
cuerpo su ropaje.
El seno izquierdo
Dibuja en
la imaginación
de quien
observa
el
doloroso peregrinaje
de la vida
conyugal.
La
imposibilidad de mostrar
el corazón
herido
obliga a
mantener
el seno al
aire.
Al rozar
la cabeza rememora
la pasión
extinguida
las
vivencias inadmisibles
en el
olvido.
El brazo
izquierdo
El apoyo
dado a su par
le viene
del rencor acumulado
por años
de sumisión.
Los
despotismos
reforzaron
la connivencia
filtraron
ácido en las venas.
Ostenta el
tesoro
desaloja de la memoria
vejaciones alevosas al ser.
La cabeza decapitada
Cada paso
por la vida
tiene el
sello
del hombre
invencible.
Héroe
inmortal de los tiempos
guerrero por tradición
déspota degollado.
La sed de
venganza
satura las
arterias
el veneno
reclama la muerte.
El ente
creador
Revela el
destino
de quien
se le oponga.
Descabezar
el animus
refuerza
su dominio.
Sus
territorios son:
la mente
interior
los pasos
tambaleantes
la mirada
huidiza
el niño
abandonado.
Un cuerpo
de luz blanca
Inicia el
viaje sin regreso
en vía
opuesta a su verdugo.
En el aire
se encuentra
con sus
ancestros.
Le
previenen
de las
secuelas resultantes
por forzar su destino.
Mira hacia
abajo
la ve
cargando su cabeza.
Aun fuera
de su alcance
le
atemoriza la mirada ausente
sus pies
firmes
sobre la
sangre vertida en tierra.
