Del poemario "La palabra dormida"
La palabra dormida
La palabra dormida
deja los pies descalzos
metidos en el fango
y el hambre por escrutarla
permanece inmune al tiempo.
Socava las entrañas
y paraliza las manos
que desde el teclado vierten
la sabia de las generaciones caídas.
Se arraiga al temporal
solitario en alta mar.
Da sostén a la lengua incolora
agazapada entre la maleza.
La palabra dormida
irriga a destiempo la garganta
e invoca el garrotazo en la espalda.
Silencia la voz
que trasciende los tiempos.
Traga el verbo
que combate la sordera
lo digiere y lo devuelve al olvido
acorazado y poblado
de la mudez impuesta.
Y lo trasmuta en proyectil
dirigido a los huesos
de quién le da vida.
irriga a destiempo la garganta
e invoca el garrotazo en la espalda.
Silencia la voz
que trasciende los tiempos.
Traga el verbo
que combate la sordera
lo digiere y lo devuelve al olvido
acorazado y poblado
de la mudez impuesta.
Y lo trasmuta en proyectil
dirigido a los huesos
de quién le da vida.
La palabra dormida
rota y acorralada
desprovista del sustento del otro
acuchillada por la espera
y estrangulada por el miedo
culpa a los vientos del norte
por su espantosa vorágine
y forcejea por salir del encierro.
Obliga a caminar a destiempo
a tragar basura en la calle
a descifrar el gesto
huidizo y castrante
en la mirada ajena
a recoger los bártulos
y acogerse al destierro.
rota y acorralada
desprovista del sustento del otro
acuchillada por la espera
y estrangulada por el miedo
culpa a los vientos del norte
por su espantosa vorágine
y forcejea por salir del encierro.
Obliga a caminar a destiempo
a tragar basura en la calle
a descifrar el gesto
huidizo y castrante
en la mirada ajena
a recoger los bártulos
y acogerse al destierro.
La palabra dormida
rompe los huesos con su garrote
nutre la dejadez y aborrece.
Carece de piel y muestra sus equívocos.
Retuerce el cuello que se levanta
y al desvalido abandona.
Encadena el espectro que la posee
endurece el corazón asediado
arma la cintura
y devora la sangre en la frente.
Surge del viaje a la médula ósea
y extrae de ese lar
su fragilidad y su torpeza.
Mata el ave inmersa en cada letra.
rompe los huesos con su garrote
nutre la dejadez y aborrece.
Carece de piel y muestra sus equívocos.
Retuerce el cuello que se levanta
y al desvalido abandona.
Encadena el espectro que la posee
endurece el corazón asediado
arma la cintura
y devora la sangre en la frente.
Surge del viaje a la médula ósea
y extrae de ese lar
su fragilidad y su torpeza.
Mata el ave inmersa en cada letra.
La palabra dormida
enreda los pies
con la frase del enemigo
vive en un rincón olvidada
atraviesa los bosques infectados
de criaturas sin vida terrenal.
Se asoma a las ventanas prohibidas
por la historia y se desnutre
mientras el tiempo avanza.
Anula el viaje a la sangre
del habitante terrenal
que viaja al trasmundo.
con la frase del enemigo
vive en un rincón olvidada
atraviesa los bosques infectados
de criaturas sin vida terrenal.
Se asoma a las ventanas prohibidas
por la historia y se desnutre
mientras el tiempo avanza.
Anula el viaje a la sangre
del habitante terrenal
que viaja al trasmundo.
La palabra dormida
la engendra quien nace muerto
y la condena al ostracismo.
Acorralada por el desdén
se desangra en tierra de nadie.
Es el verso encadenado
al papel amarillento
y escondido bajo llave.
Es frase a golpes de pecho
que se gotea del árbol prohibido.
Es la oración amordazada
el párrafo indescifrable
y la vivencia curtida en el vacío.
Emerge del olvido
si la ciencia la socorre y exorciza
si recibe el visto bueno
de quienes la dictan
y si encuentra estómagos
con el poder de digerirla.
Tomando el mando
El hemisferio derecho
inicia su mandato
con el brazo izquierdo
fortalecido por las iniciativas.
La pausa en la encomienda
decrece con la prisa
reducida a la obediencia.
El tiempo del salto anda cerca
la irreversible integración
de ambos hemisferios
permite avizorar
el jardín de las hespérides.
La zurdera emerge del hondo pozo
y del hueco en la frente
brota el tao.
la irreversible integración
de ambos hemisferios
permite avizorar
el jardín de las hespérides.
La zurdera emerge del hondo pozo
y del hueco en la frente
brota el tao.
El tiempo del salto
Apartado aún del salto
injiere los susurros.
Dotan a la voz
del oxigeno en la palabra.
El germen impregnado
en las ondas sonoras
devora la esperma.
El vaivén estancado y sin vía
deja paso al trajinar integrador
de fuerzas opuestas.
Las piedras dejan libre el sendero
y los pies se afincan a la tierra.
El viejo en la esquina
se queda esperando el sufragio.
Al viaje de ida
le queda la mitad del recorrido.
Al desdén le espera el sarcófago.
Las premisas tempranas del desespero
sufren el rechazo perenne.
y los pies se afincan a la tierra.
El viejo en la esquina
se queda esperando el sufragio.
Al viaje de ida
le queda la mitad del recorrido.
Al desdén le espera el sarcófago.
Las premisas tempranas del desespero
sufren el rechazo perenne.
El joven en los huesos del anciano
renueva su afán
de revertir el tiempo perdido.
El verbo arrolla las escamas
y del suelo del océano emerge
atiborra el pensamiento
y da luz verde al sur encadenado.
renueva su afán
de revertir el tiempo perdido.
El verbo arrolla las escamas
y del suelo del océano emerge
atiborra el pensamiento
y da luz verde al sur encadenado.
La voz inasible
Llega del norte la voz inasible
y al silencio aprisiona.
Sus ondas besan
los oídos sordos
con afán de revertir el daño.
El sonido musical del verso
en el papel cibernético
vibra en el hueco en la frente.
Un rayo alumbra
y el trueno imperceptible
llega a las arterias.
Cada célula nerviosa
transmuta el impacto doloroso.
El puño cerrado se abre
gesta la caricia
revierte las arrugas.
El abuelo
El tiempo duele en los ojos
la ruta irreversible es clara
los ajoros se esparcen al aire
alejado de las narices.
El verbo arrojado al viento
se cuela en la sangre
de quien aún lejos
recorre el mismo sendero.
El viaje ramificado
por la multiplicidad de voces
endereza su rumbo.
El cuento está en su clímax
y la parábola con su arco descendente
deja ver el origen hecho de tierra.
Los adióses recogen sus bártulos
incrustados en la sangre.
Y desde la estratosfera
unos ojos traspasan la nube oscura
moviéndose al ritmo del abuelo.
por la multiplicidad de voces
endereza su rumbo.
El cuento está en su clímax
y la parábola con su arco descendente
deja ver el origen hecho de tierra.
Los adióses recogen sus bártulos
incrustados en la sangre.
Y desde la estratosfera
unos ojos traspasan la nube oscura
moviéndose al ritmo del abuelo.
La expiación
La conciencia florece
y el germen del olvido pierde
su hegemonía.
Los pies hundidos aún
en las piedras
impiden al resto del cuerpo
acortar distancia.
Las manos atadas al teclado
traen al ruedo
las señales abandonadas
en la niñez.
El rostro suda sangre
con los pantalones plegados
hasta la rodilla.
traen al ruedo
las señales abandonadas
en la niñez.
El rostro suda sangre
con los pantalones plegados
hasta la rodilla.
Con la frente inclinada
amortigua los golpes bajos.
El arrojo de la fiera
en la sombra
crece con la mano izquierda
tomando el mando.
Y la expiación mengua
con el trabajo diario en el verso.
amortigua los golpes bajos.
El arrojo de la fiera
en la sombra
crece con la mano izquierda
tomando el mando.
Y la expiación mengua
con el trabajo diario en el verso.
El amor
Nos visita en soledad
y es segura su partida.
A nuestra alma adolorida
enfrenta con la verdad.
Que el amor sí tiene edad
y desemboca en tormento.
Que solamente es un cuento
que nos hacen desde niño.
El verdadero cariño
nunca se lo lleva el viento.
y es segura su partida.
A nuestra alma adolorida
enfrenta con la verdad.
Que el amor sí tiene edad
y desemboca en tormento.
Que solamente es un cuento
que nos hacen desde niño.
El verdadero cariño
nunca se lo lleva el viento.
Cuando el amor ya se ha ido
vives los agravios dados
que permanecen guardados
en el cerebro dormido.
Y al sentir el pecho herido
sufrimos por ese invento
eso sí que no es un cuento
y es terrible su tortura.
La verdadera ternura
nunca se la lleva el viento.
vives los agravios dados
que permanecen guardados
en el cerebro dormido.
Y al sentir el pecho herido
sufrimos por ese invento
eso sí que no es un cuento
y es terrible su tortura.
La verdadera ternura
nunca se la lleva el viento.
Que el amor es verdadero
cuando es filial no lo dudes
que las mejores virtudes
se cuecen con un te quiero.
De parte y parte es sincero
duradero el sentimiento.
Que lo aseguro y no miento
nutre el alma de por vida
y aunque duela en la partida
nunca se lo lleva el viento.
cuando es filial no lo dudes
que las mejores virtudes
se cuecen con un te quiero.
De parte y parte es sincero
duradero el sentimiento.
Que lo aseguro y no miento
nutre el alma de por vida
y aunque duela en la partida
nunca se lo lleva el viento.
Perderse amando
El miedo irrumpe
por los pies adormecidos.
Los tropiezos han torcido los dedos
y las uñas enterradas en la carne
impiden dar el paso.
por los pies adormecidos.
Los tropiezos han torcido los dedos
y las uñas enterradas en la carne
impiden dar el paso.
Un escozor en las costillas
erige la muralla.
Unas manos temblorosas
preparan la armadura.
Hay tinieblas mostrando sus garras
y un sol en la frente
tras la renuncia.
erige la muralla.
Unas manos temblorosas
preparan la armadura.
Hay tinieblas mostrando sus garras
y un sol en la frente
tras la renuncia.
Hay una piel arrimada a los huesos
y una camisa de fuerza
atando los brazos.
Hay un ojo avizor
derrotando la esperanza
y un juicio amañado
y una camisa de fuerza
atando los brazos.
Hay un ojo avizor
derrotando la esperanza
y un juicio amañado
devora la inocencia.
Dormir contigo
Hoy quiero dormir contigo
sin la biología mediando
y contaminando el encuentro.
Sin el recuerdo descuartizando la carne
sin voces de protesta
en el oído derecho.
sin la biología mediando
y contaminando el encuentro.
Sin el recuerdo descuartizando la carne
sin voces de protesta
en el oído derecho.
Hoy quiero dormir contigo
sin la entrega dada por manos asesinas
sin la esperanza atacando
con sus puños el porvenir
sin el fantasma muriendo de ganas
por sabotear el instante.
sin la entrega dada por manos asesinas
sin la esperanza atacando
con sus puños el porvenir
sin el fantasma muriendo de ganas
por sabotear el instante.
Hoy quiero dormir contigo
sin la ausencia
arrojando al rostro su ácido
pestilente y corrosivo
sin las ataduras
royendo el abrazo sempiterno
sin el adiós metido en los bolsillos.
sin la ausencia
arrojando al rostro su ácido
pestilente y corrosivo
sin las ataduras
royendo el abrazo sempiterno
sin el adiós metido en los bolsillos.
Hoy quiero dormir contigo
sin la camisa de fuerza
obstruyendo el crecimiento
del árbol prohibido
y sin la tierra esperando el cadáver
que tus manos centenarias
ayudan a forjar.
sin la camisa de fuerza
obstruyendo el crecimiento
del árbol prohibido
y sin la tierra esperando el cadáver
que tus manos centenarias
ayudan a forjar.
El pendejo
La progenitora
pone la marca en sus narices
dosifica su gestión
con el garrote en la mano
irriga su piel
con el agua del púlpito.
Jura mirando al cielo
tragar sus entrañas malditas.
Su mirada amenazante
le hace tragar el verbo
y sus pies enormes
le obligan a mantenerse quieto.
tragar sus entrañas malditas.
Su mirada amenazante
le hace tragar el verbo
y sus pies enormes
le obligan a mantenerse quieto.
El volcán en la frente prepara la erupción
y la camisa de fuerza se tambalea.
Los huesos avizorando el acero
preparan la embestida.
El dulce pan del sur se cuece
gradual e indivisible.
y la camisa de fuerza se tambalea.
Los huesos avizorando el acero
preparan la embestida.
El dulce pan del sur se cuece
gradual e indivisible.
El reino del silencio
acorralado y marchito
comienza a entregar sus armas.
El verso hegemónico
asoma su rostro tras la maleza.
acorralado y marchito
comienza a entregar sus armas.
El verso hegemónico
asoma su rostro tras la maleza.
El dardo surca el aire sin resistencia.
Un corazón recibe sus dádivas
envejecido y sediento.
Y las voces acuarteladas en las sienes
piden su turno hambrientas
de abrirse por dentro.
Un corazón recibe sus dádivas
envejecido y sediento.
Y las voces acuarteladas en las sienes
piden su turno hambrientas
de abrirse por dentro.