Sonetos
Presentimiento del viaje
Cuando llegue la hora definitiva
todo sendero debe haberse andado
el carácter indolente amoldado
a la lengua, a la fuerza creativa.
Y el susurro de una voz afectiva
en cada arteria, el hierro haya ablandado
y un tren sin rumbo fijo, inabordado
provea sustento al alma cautiva.
Sin esperar a que llegue el momento
hay que recoger bártulos de prisa.
Sumisos, al pedregal allegarse
y sin pausa encontrar su fundamento.
Si al hacerlo nos sale una sonrisa
todo sueño imposible, habrá de darse.
La vida es sueño
El poeta dice que la vida es sueño.
Afirma en una celda, que una parte
del diario vivir se transmuta en arte
y la otra porción la mueve el empeño.
Que del presente, ser único dueño
sin que la duda obligue a achantarte.
En el meollo del enigma adentrarte
delinear al detalle su diseño.
Andar a diario con pausas medidas.
Recorrer las veredas sin desviarse
del camino dado por lo invisible.
Y despertar las potencias dormidas
que puedan del ingenio contagiarse
con el verso mundano y accesible.
El acecho
Le impiden dar al otro su sustento
la palabra pierde con la renuncia
el porvenir un mal prefacio anuncia
a cierta obra escondida y al intento
de publicarla pese al incremento
del acecho y la constante denuncia.
El autor rebelde escribe y enuncia
contra la injusticia en su testamento.
Cuenta el valor de transmutar a diario
azotes recibidos en treinta años
en que más de un oscuro formulario
ha sido atiborrado con su nombre.
El verso lo protege de los daños
sin ningún reto y sin que a nadie asombre.
El poder de los deberes
Los deberes literarios rehúsan
a que alguien los deje sobre la mesa.
Si quien les dedica tiempo le pesa
de imperdonable abandono lo acusan.
Invaden su mente extraviada y abusan
le hacen pagar con creces su pereza.
El castigo en sus entrañas no cesa
y para dar un escarmiento lo usan.
Abdicar los deberes literarios
es consentir que impulsos temerarios
dirijan sin control nuestro talento.
El poema es el más caro sustento.
Si fiel, el tercer ojo lo programa
del árbol prohibido se derrama.
Invadido por el miedo
Un hallazgo casual conduce a la huida.
Las rodillas tiemblan ante el tesoro
de piedras preciosas curtidas de oro.
Entretanto un alma quede recluida
en soledad, pero nunca diluida
en los afanes del mundo incoloro
de quien vive y muere, sin el decoro
a tenerse en la fructífera vida,
poseerá esperanza la humanidad.
Jamás se ha entendido esta verdad,
los siglos pasan y el hombre se muere
sin mirar a quien mata y a quien hiere.
Vendrá el día en que termine este cuento,
y no estarán, quienes le dan sustento.
Una voz se aleja
Dolida garganta apoya el silencio
la pereza carcome el devenir
se desvanece el vano empeño de ir
va al averno la faena que agencio.
El clamor por el cambio diligencio
el tiempo estéril no me ha de abatir
la voz que adormece voy abolir
a diario a mi voluntad reverencio.
Camino a tientas senderos ciclónicos
y me mojo con aguas subterráneas.
Lanzo al barranco temores agónicos
llevo al crematorio influencias foráneas.
Con la música de tonos armónicos
mi sombra intuye lumbres soberaneas.
Ancho mar interior
Desde el fondo oye el rumor de la orilla
con esa canción vibran sus oídos.
Mensajes de dolor son acogidos
como la tierra adopta la semilla.
Elabora con esmero la arcilla
despliega talentos adormecidos.
Con los residuos del odio abolidos
exhuma del sepulcro su costilla.
La palabra incolora asume el mando
al tercer ojo el verso la traslada
se va el poema de a poco afirmando
su poder deja el alma despejada.
Así se va la conciencia ajustando
al carisma de la voz enjaulada.