miércoles, 1 de enero de 2014

 
 
 
 
Autora: Ilialice Morales
 
 
 


La mirada
 
 
 
Con la cabeza en su mano izquierda
rememora las vivencias
junto al hombre.
 
El castigo a su cuerpo
y el menosprecio a sus sentimientos
menguaron su amor propio.
 
Las derrotas
frente a ese verdugo
agigantaron el odio almacenado
desde la temprana niñez.
 
Golpeada por quien debía sustentar
sus primeros años de vida
se revela contra su destino.
 
La figura paternal
 compañera en las contiendas
con la victima
sufre la caída decisiva.
 
 La mirada lejana
retrocede en el tiempo
las imágenes
junto a su progenitor
justifican la venganza y el parricidio.
 
 
 
El brazo asesino
 
 
 Entregado a la cadera y al muslo
con la docilidad del cordero 
intenta simular inocencia.
 
La sangre en su mano suscita la duda
deja a la vista de quien observa
el combate interior previo
a la toma de decisiones. 
 
Durante el sueño del hombre
asesta los golpes
cumple la orden dada.
 
El aire habitado carece de regocijo
hay un desvelo sin fin.
Unas voces suplican el desquite.
 
 
 
La presencia de los labios
 
 
Los labios buscan en el vacío
 un roce sin fronteras
el calor del otro.
 
Su mudez pone un cepo
a los pies descalzos
 atrapa el verbo en la garganta.
 
El grosor de su carne
apunta a la vía por andar.
A la secuencia de la ya recorrida.
 
Tropezar con ellos
es visitar el paraíso
antes de vivir en el infierno.
 
 
 
Los orificios de la nariz
 
 
 
El oxigeno fluye
según las palpitaciones.
El veneno se traslada al aire.
 
Sangre limpia recorre el cuerpo.
El arrebato decae
con el sabor de la reparación.
 
Una tormenta se avecina
acarrea gemidos
traslada al viento los pesares.
 
 
 
El gesto de la cabeza
 
 
 
Valida el orgullo
 inclinada hacia el cielo.
El desquite valora su honra.
 
Sabe de las aflicciones venideras
y acosos suscitando la traición.
Invisible es su llanto.
 
En la frente se abre el orificio
el verso emerge con sabia innovadora.
El sabor amargo huye.
 
 
 
Su pelo negro
 
 
 
La noche en su pelo
enuncia los postulados de la ley
 y el encierro de por vida.
 
Los bombardeos de mil voces
y la cruz milenaria
se juntan a la soledad.
 
El desafío al destino
recibe su dote
y el cuerpo su ropaje.
 
 
 
El seno izquierdo
 
 
Dibuja en la imaginación
de quien observa
el doloroso peregrinaje
de la vida conyugal.
 
La imposibilidad de mostrar
el corazón herido
obliga a mantener
el seno al aire.
 
Al rozar la cabeza rememora
la pasión extinguida
las vivencias inadmisibles
  en el olvido.
 
  
El brazo izquierdo
 
 
El apoyo dado a su par
le viene del rencor acumulado
por años de sumisión.
 
Los despotismos
reforzaron la connivencia
filtraron ácido en las venas.
 
Ostenta el tesoro
 desaloja de la memoria
 vejaciones alevosas al ser.
 
 
 

La cabeza decapitada
 
 
 Cada paso por la vida
tiene el sello
del hombre invencible.
 
Héroe inmortal de los tiempos
 guerrero por tradición
déspota degollado.
 
La sed de venganza
satura las arterias
el veneno reclama la muerte.
 
 
El ente creador
 
 
Revela el destino
de quien se le oponga.
Descabezar el animus
refuerza su dominio.
Sus territorios son:
la mente interior
los pasos tambaleantes
la mirada huidiza
el niño abandonado.
 
 
Un cuerpo de luz blanca
 
 
Inicia el viaje sin regreso
en vía opuesta a su verdugo.
En el aire se encuentra
con sus ancestros.
 
Le previenen
de las secuelas resultantes
 por forzar su destino.
Mira hacia abajo
la ve cargando su cabeza.
 
Aun fuera de su alcance
le atemoriza la mirada ausente
sus pies firmes
sobre la sangre vertida en tierra.
 
 


1 comentario:

Delia Goldadler Joison dijo...

Qué fuerte, amigo!!! Sé bien lo que se siente. Pero la comprensión y el perdón iluminaron la senda...


Un fuerte abrazo!!!