martes, 9 de octubre de 2012

 
 
Del poemario "Las manos desatadas"


 

 

El silencio devora

 
Los pasos ausentes 
dejan rastros invisibles.
El afán de hacer un aporte
muere en las arterias
endurecidas por el desuso.
El horizonte se aleja
huyen los sueños milenarios
en medio de un charco de sangre
reverdece el desaliento
se oye un clamor por la tumba en otra tierra.
El aire se satura de los guías invisibles 
el verso arrojado a los cuatro vientos.
se pierde en la nada.
 
 
 
El encierro
 
 
Metido en la caja de aluminio
detenida en uno de los pisos
llega a su memoria la de madera.
El raciocinio asume el control
una llama le rodea
penetra su piel.
Entre esas cuatro paredes
revive su estadía en el vientre.
Del otro lado observan 
quienes su muerte al nacer derrotaron.
Al regreso le falta los toques finales.
El ascensor se detiene
en el primer piso.
Se abre la puerta
agradece a quienes le rodean.
El destino ha de cumplirse
el temor a la muerte es infundado.
 

 

A esa mirada


 
Se asoma a la puerta
acorralada por la angustia
presa de la tentación.
Su mirada revela una queja
un lagrimar anunciado
la mordida en los labios.

Dentro del habitáculo
otro rostro castigado
por los años vividos
en el ostracismo impuesto
por avatares terrenales.
El encuentro de las pupilas
obliga a retroceder
a impedir el abrazo fatal
a erigir la pared de vidrio molido
entre sus cuerpos.

El choque eléctrico
obliga a la palabra
a encerrarse en la garganta.
Los gemidos en medio de la zozobra
anuncian el devenir.
Al despertar del letargo
eran dos almas por fundirse.

Como fiel compañera la duda
se aparta y espera en un rincón
escudriña las miradas
la lejanía de los múltiples besos
el germen del olvido al acecho
la gestación de la huida
la irremisible separación.

Despierta el miedo heredado
encorva la espalda
con el peso de los ancestros
ruge ante sus rehenes
los deja sin piel en las narices
los acorrala con sus fieras hambrientas.
La parálisis del ser en cada cual
invade sus pies descalzos.
El camino a recorrer
es de piedras al rojo vivo.
 


 
Abrazo mortal
 

 
Su voz envenena la sangre
mutila el aliento
ceba el ostracismo
pega los dedos a las teclas.
En el instante detenido
fragua el verso.
Los olores del jardín
agilizan la garganta silenciada
por cinco lustros.
Un aire inédito le visita
y revierte el afán
de perecer en un rincón olvidado.
El tercer ojo rige la cabeza
con su látigo.
En las manos amarradas
pone el sable arrancado a la piedra.
El abrazo mortal del tiempo
higieniza la palabra.
 

 
El camino pautado
 

 
Las huellas
dejadas sin el sufragio
de la reflexión
paralizan los pies descalzos
corroen la garganta
tras la queja
por las veredas equívocas.
Un cuerpo sin huesos ni carne
diezmado por el azar
grita su adiós
reza sin la fe pegada
a la conciencia
escapa por el hueco en la frente.
Las quimeras amasadas
a martillazos
muestran sus agujeros
huyen del paredón
ruedan por la pendiente
frente a los ojos húmedos
revelan sus escondrijos
ocultan su vientre primerizo
devoran la imagen
metida en los bolsillos.
El pan viejo y el vino
recorren los arterias
la cabeza se rinde al sueño.
Las voces se saturan
por el silencio impuesto
se tragan los gozos por venir
escapan a su guarida.
 

 
El cepo
 

Alejado del bullicio
persiste en su afán de amortiguar
los garrotazos en su espalda.
La palabra huidiza
órbita la sesera
sobre el teclado
da la voz de alarma.
El verso clama por las almas
acorraladas por el insomnio
devela su oculto decir
doma la anarquía de la sangre
vomita la bilis agazapada
entre cada letra.
 
 

Las manos desatadas
 

Las amarras caen al suelo
los nudos enmohecidos y mugrientos
perecen al paso del tiempo.
Las manos saborean
el embrujo de ser libres
acatan las leyes del devenir.
Dejan sobre el teclado
frases ultrajadas
por el largo silencio impuesto
y muerden el anzuelo que lanzan
quienes viven bajo tierra.


 


1 comentario:

Anónimo dijo...

Lindos poemas tío.